Escriba la(s) palabra(s) a buscar: 
Seleccione la serie:

Presentación  



Este catálogo de las colecciones de Pepín y Chamaco, que resguarda la Hemeroteca Nacional de México, incorpora información de 442 series de historieta mexicana publicadas en estas revistas entre el 25 de agosto de 1936 y el 10 de noviembre de 1957.


Pepín y Chamaco son dos revistas legendarias en la historia de las publicaciones periódicas mexicanas. Ambas aparecieron a finales de los años treinta del siglo pasado, tuvieron su esplendor en los cuarenta "años también muy fructíferos para el cine y la música popular mexicana"; las dos languidecieron en los primeros cincuenta y fueron finiquitadas por sus editores en esa misma década. Se trata de las únicas publicaciones de historieta de periodicidad diaria que se han editado en el mundo: Pepín y Chamaco no sólo aparecían los siete días de la semana, incluso llegaron a tener dos ediciones dominicales cada una. Las cifras de sus tirajes permanecen en el misterio ya que por razones políticas, de impuestos y subsidios, casi todas las publicaciones mexicanas del Siglo XX ocultaron sus tirajes y las revistas de monitos no fueron ajenas a esta práctica.


Según Ramón Valdiosera, que dirigió Chamaco al inicio de los años cuarenta, la revista alcanzó tiros de entre 650 y 700 mil ejemplares diarios. La cifra parece desmesurada, sobre todo al considerar los enormes retos tecnológicos, de impresión y distribución que implicaban tirajes de esta magnitud en aquella época. Lo cierto es que los "pepines" y "chamacos llegaron a los rincones más apartados del país, y a partir de los años cuarenta se constituyeron en los impresos de mayor relevancia económica de toda la industria editorial mexicana. Sobre estas revistas de monitos se erigieron grandes capitales y poderosos emporios periodísticos. Pepín fue el pilar de la Cadena García Valseca –editora del diario deportivo Esto y de los "soles de México"– que en 1972 era dueña de 37 periódicos, que representaban el 22 por ciento de la prensa cotidiana del país y cubrían prácticamente toda la República Mexicana. Chamaco fue el pilar de Publicaciones Herrerías, editora del diario Novedades y de una variada oferta de revistas misceláneas.


El primer número de Pepín salió a la venta en marzo de 1936; Chamaco le siguió los pasos en septiembre del mismo año. Ambas aparecieron en formato medio tabloide y salían cada quince días, pero pronto se transformaron tanto en su tamaño como en su periodicidad. Para febrero de 1938, Pepín reduce su formato y se transforma en una publicación de bolsillo de un cuarto de tabloide y aparición semanal. Muy pronto Chamaco hace lo propio. A principios de 1939 la revista de Herrerías se convierte en la primera revista de historietas del mundo que se edita a diario. Pepín le sigue los pasos tan sólo una semana después. Ya en los años cuarenta los cómics son conocidos en México simplemente como "pepines".


En estas revistas se establece el canon de la historieta popular mexicana y se fijan sus peculiares características gráficas y narrativas. En las páginas de Pepín y Chamaco nacen los clásicos del género: en Pepín aparecen por primera vez: Los superlocos y La familia Burrón (que originalmente se tituló El Sr. Burrón o vida de perro) de Gabriel Vargas; Memín Pingüín (cuyo título original fue Almas de niño) de Yolanda Vargas Dulché, y prácticamente casi toda la obra de esta autora y Antonio Gutiérrez que se reeditará posteriormente cobijada con el título de Lágrimas, risas y amor. También nacieron en la revista del coronel García Valseca: Cumbres de ensueño de Guillermo Marín y Adelita y las guerrillas de José G. Cruz, así como buena parte de la inmarcesible y copiosa obra melodramática de este historietista, como Percal, Dancing y Malevaje. En Chamaco se dieron a conocer Los supersabios de Germán Butze; Tirando a gol (luego El pirata negro), Pies planos y Wama (posteriormente retitulada Tawa) de Joaquín Cervantes Bassoco; Rolando el rabioso de Gaspar Bolaños; Padrinos y vampiresos de Bismark Mier; A batacazo limpio y El pequeño Ricardín de Rafael Araiza.


En los "pepines" se utilizó por primera vez la tinta sepia que daría el color de la historieta popular mexicana, se creó el fotomontaje y se estableció ese estilo propio de nuestros monitos, que supo combinar delirio narrativo y tratamiento neorrealista en melodramas romántico-sociales. Sin tomar en cuenta la presencia de Pepín y Chamaco, así como su legado en la historieta mexicana que se despliega hasta nuestros días, cualquier historia social de la lectura en México se encuentra trunca, y lo está en su parte sustancial. Los "pepines" fueron la principal, cuando no la única lectura de la gran mayoría de los mexicanos. Mientras el Estado nos enseñó a leer mediante la educación pública y las grandes campañas de alfabetización; los "pepines" sedujeron al lector con un atractivo material de lectura. En sus páginas, los mexicanos de varias generaciones aprendieron a desentrañar los misterios y usos del alfabeto.


En México, la cantidad de lecturas de las revistas de monitos ha superado con mucho a las de libros, periódicos y cualquier otro tipo de publicaciones. Durante la década de los cuarenta del Siglo XX, cuando la demanda potencial de letra impresa era de unos diez millones de lectores, Pepín y Chamaco, (junto a otras revistas de monitos como Paquito, Pinocho, Paquín y Cartones), editaban alrededor de cuatro y medio millones de ejemplares semanales, momento en que el tiraje de todos los periódicos del país difícilmente sumaba el medio millón de ejemplares diarios. Para mediados de los años ochenta, cuando el lector mexicano ya era el mayor consumidor de historietas del mundo, la cantidad de lecturas anuales del país alcanza la increíble cifra de los dos mil millones. Y esta insaciable demanda era satisfecha fundamentalmente por la producción nacional.


En México, las historietas han sido escuela, silabario y cartilla de lectura; fuente de educación sentimental, ventana al mundo, materia prima de sueños; han saciado la sed de narrativa de millones de personas; han creado mitos y consagrado ídolos; han fijado y dado esplendor al habla popular. Sin duda, en sus viñetas y globos se hallan invaluables pistas para comprender la sensibilidad del México del Siglo XX.
Como afirma Alij Anaya: "Las ilustraciones y los argumentos de las historietas festejan o critican ora procesos sociales como la opulencia y la pobreza o bien complicados sistemas simbólico-discursivos como el género, la justicia, la lucha de clases o las imprescindibles urgencias estético-afectivas. Pero aún hay más: tras convivir con las aventuras nacionales referidas, al héroe y a la heroína mexicana aún les resta volver a casa y al barrio para lidiar con la belleza, la maldad, el esfuerzo, el cariño, la violencia y la muerte. La historieta mexicana del siglo pasado representa esto y un tanto más: ella evoca una tablilla del recuerdo que aguarda aquellas interpretaciones que la conviertan símbolo de cultura nacional." Afortunadamente, con el advenimiento del Siglo XXI, parece superado el prejuicio que, durante muchos años, calificó a las revistas de monitos como lectura despreciable y sin valor, a las que no había que dar mayor atención. Hoy, tanto la academia como las nuevas generaciones valoran de un modo mucho más abierto, los hábitos y prácticas de lectura popular predominantes en el Siglo XX, como los viejos cómics.


Fuente indispensable para el conocimiento y comprensión de lo que hemos sido, las historietas, sin embargo, son leyenda. Para el público y los investigadores, la inmensa producción histórica es prácticamente inaccesible. Paradójicamente, cuando ha llegado el tiempo de revaloración de la historieta mexicana, las fuentes disponibles son muy escasas. Los ejemplares de las revistas de monitos, tan omnipresentes como ninguneados en su momento, han sido devorados por el tiempo y el olvido; se han convertido literalmente en polvo. Los escasos números que sobreviven se encuentran en manos de celosos coleccionistas y el único acervo público existente –el de la Hemeroteca Nacional de México– está parcialmente clasificado.


Durante muchos años, las historietas de este acervo fueron acumuladas y resguardadas sin orden ni clasificación en el viejo edificio de San Pedro y San Pablo, ubicado en las calles del Carmen en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde la institución tuvo sus instalaciones hasta 1994, cuando se trasladó al edificio del Instituto de Investigaciones Bibliográficas en Ciudad Universitaria. En ese año, durante cuatro fines de semana, un equipo de veinte bibliotecarios y cinco trabajadores se dio a la tarea de inventariar la colección. Así, se supo que la colección comprendía 169,080 fascículos de historieta encuadernados en 7,153 volúmenes; 599 títulos agrupados en 307 cajas. En forma lineal la colección suma 838.35 metros de historieta. En mayo de 1994, el acervo inventariado se depositó en la sala 402 del edificio de la Hemeroteca. Hasta ahora (agosto de 2007) no ha sido posible abrir al público esta rica colección. Ordenarla y clasificarla sigue siendo un reto inmenso.


El catálogo digital que presentamos aquí es el primer paso en esta tarea. Comprende sólo las revistas Pepín y Chamaco, que cuantitativamente representan menos del uno por ciento del total de la colección (510 de 7,153 volúmenes), aunque cualitativamente su importancia es mayúscula, tanto por la relevancia de estas revistas, como porque sin duda alguna, los ejemplares de Pepín y Chamaco son las joyas de la colección de historieta de la Hemeroteca. Desafortunadamente, ni la colección de Pepín ni la de Chamaco están completas. El acervo de Pepín comprende 3,697 números, casi el 52 por ciento de los editados entre el 25 de agosto de 1936 y el 10 de noviembre de 1957 (fechas extremas). El de Chamaco comprende 1,927 números, el 33 por ciento de los editados entre el 3 de enero de 1944 y el 3 de marzo de 1955. Hay huecos importantes: faltan los primeros ocho años completos de Chamaco, y también están ausente totalmente el periodo comprendido entre julio de 1948 y abril de 1950 de esta publicación. En el caso de Pepín no hay ejemplares de los periodos comprendidos entre septiembre de 1943 a agosto de 1945 y de abril de 1953 a octubre de 1957. Posteriores a marzo de 1953 sólo hay once números, los aparecidos entre el 1 y el 10 de noviembre de 1957.


En total se catalogaron 510 volúmenes de ambas publicaciones, lo que significa 13,070 fascículos encuadernados en rústica. El catálogo se agrupó por series e integra 443. Aquí se proporcionan los datos básicos de cada una: título, números y fechas de publicación, adscripción genérica, autores del argumento y la gráfica, así como una breve descripción y algunas imágenes de cada una de las series. La sinopsis y las imágenes de alguna manera  rescatan del anaquel las apuestas literaria y gráfica de los "pepines"; sintetizan el discurso visual y narrativo que construyó nuestra historieta en el mediodía del Siglo XX y cuyos ecos resuenan hasta nuestros días. El Catálogo proporciona también la información de referencia necesaria para que los usuarios puedan acceder a consultas directas en los ejemplares impresos.


Además en este sitio el usuario encontrará ligas a una sección de ensayos sobre el tema y vínculos a otras páginas web de historieta mexicana e internacional, así como una sección de testimonios, en la que podrá disfrutar fragmentos de entrevistas videograbadas a 28 notables historietistas de México.

 

Juan Manuel Aurrecoechea
Agosto de 2007